Mérida

La alegría del Resucitado cierra en Mérida una Semana Santa irrepetible

Los niños protagonizaron la última procesión de la Semana de Pasión, cuyo Encuentro entre Jesús, San Juan y su Madre tuvo lugar en la Puerta de la Villa.

La alegría de Jesús Resucitado por las calles de Mérida ha cerrado en la mañana de este Domingo de Resurrección una Semana Santa irrepetible, en la que las buenas temperaturas típicas de la primavera han hecho que -a diferencia de lo ocurrido el pasado año- todas las cofradías emeritenses pudieran realizar sus respectivas estaciones de penitencia.

Así pues, a las 9:30 horas, los sones de la Banda de Cornetas y Tambores de la OJE anunciaban la salida de la procesión más alegre de la Semana de Pasión emeritense, la más importante para los católicos, en la que se celebra el culmen de la fe cristiana: la resurrección de Jesús después de morir en la cruz. Al igual que lo sucedido el pasado año, tampoco ha habido fuegos artificiales en el atrio de la Basílica de Santa Eulalia.

De este modo, un año más, en la que ha sido su tercer y último desfile procesional de la Semana de Pasión de la capital autonómica, los más pequeños han podido acompañar a Jesús, a la Virgen María y a San Juan, en su recorrido jubiloso por las calles de la capital extremeña, en una mañana con temperaturas muy agradables, que ha hecho que cofrades, costaleros y damas recibieran la compañía del público en cada momento de su recorrido.

Cabe recordar que hasta el año 2018, era tradición en la ciudad que este desfile procesional se celebrara a las 00:00 horas del Sábado Santo al Domingo de Resurrección, después de que la gran mayoría de sus iglesias celebraran con sus feligreses la Vigilia Pascual.

De este modo, con los niños como protagonistas, la Puerta de la Villa ha vuelto a vivir un momento inolvidable entre el paso de San Juan, de la Cofradía Ferroviaria, acompañando a Nuestra Señora del Mayor Dolor en el Encuentro con su ‘Hijo', ante cientos de emeritenses y turistas que contemplaban la estampa. A la instantánea se unió cientos y cientos de pétalos de flores.

De esta forma, a la grandiosidad de la talla del Cristo realizado por Eduardo Zancada, y a la belleza de la Virgen -obra de Manuel Echegoyán- vestida en esta ocasión en tonos de color beige y blanco, y con una rosa dorada en la mano, se unió de la fineza y hermosura de la talla de San Juan –realizado por Juan Blanco Pajares-, con su túnica blanca.

El público ha aplaudido cada uno de los movimientos que los costaleros hicieron con las tres tallas, a los sones de la Banda de Cornetas y Tambores de la OJE de Mérida, alzándolos, acercándolos y danzándolos una y otra vez. Precisamente, cuando San Juan fue levantado, de sus manos se extendió una túnica blanca en la que iba bordado en letras rojas ‘Aleluya’.

VÍTORES Y ALEGRÍA

Cabe recordar que la Cofradía del Nazareno procesionó hasta 1967 una imagen de Olot que volvió a sacar a partir de 1981. Ya en 1992 fue sustituida por la actual talla realizada por Eduardo Zancada -portada en tradición por jóvenes hombres y mujeres emeritenses-, mientras que en el año 2007 se incorporó a la procesión el paso de Nuestra Señora del Mayor Dolor, sin palio y vestida de blanco, para darle más protagonismo a esta procesión que es la más importante de la Semana de Pasión para los cristianos.

Además, en esta última estación, ya de gloria, triunfa la alegría y los vítores por la resurrección de Cristo. La gente la contempló a su salida de la Plaza de Santa Eulalia (por primera vez en la historia) tras las obras realizadas en la Basílica y la Avenida de Extremadura, así como en el Encuentro de la Puerta de la Villa, su paso por el Templo de Diana, a su llegada a las puertas de la Concatedral de Santa María y de nuevo a su entrada, siendo testigo de primera mano la Mártir.

A su vez, durante todo el itinerario, los nazarenos, que en esta ocasión cambian el morado de sus túnicas, cubrerostros y fajines, por el color blanco, fueron repartiendo caramelos que entregó la propia Cofradía del Nazareno.

Por tanto, con este último desfile procesional Mérida dice adiós, hasta el año que viene, a una Semana Santa luminosa, llena de momentos e instantes inolvidables, fervor cofrade y una emoción única e irrepetible que volverán a producirse dentro de 365 días.

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