Cada 8 de marzo ((M) hablamos de igualdad, liderazgo y derechos. Pero hay un hilo menos visible —y profundamente luminoso— que conecta a miles de mujeres en pequeñas comunidades del planeta: la transmisión del conocimiento del cielo. No desde grandes observatorios ni desde laboratorios urbanos, sino desde patios, montañas, desiertos y aldeas donde las estrellas no son solo objetos astronómicos, sino calendario, brújula, relato y futuro.
En muchas culturas, mirar al cielo es un acto comunitario. Y con frecuencia, son ellas —abuelas, madres,...
Ver noticia completa